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Señor Presidente,

Señores Jefes de Estado y de Gobierno,

Señores Delegados:

Quienes me han precedido en el uso de la palabra han recorrido ampliamente los efectos fundamentales de la propagación de la llamada pandemia del VIH/SIDA, particularmente en sus aspectos sociales, económicos y demográficos. No hay que enumerarlos nuevamente. Todos han coincidido en que esta enfermedad no respeta fronteras, y que tampoco está restringida, en su diseminación, a grupos sociales exclusivos. Está en todas partes y en todos los segmentos de la sociedad.

El secretario general de las Naciones Unidas, en su informe de 16 de febrero de 2001, apunta particularmente a una consecuencia del VIH/SIDA que nos debe preocupar a todos: el peligro de ruptura de la cohesión social y de la estabilidad política por razon de la incapacidad de los paises para enfrentar la enfermedad con servicios preventivos y curativos de salud, con educación adecuada y con verdaderos sentimientos de solidaridad humana. Con el tiempo nos hemos venido acercando más y más a situaciones altamente explosivas, imputables en la mayoría de los casos a la falta de recursos económicos y humanos sin los cuales ningún proyecto serio es viable.

En nuestra opinión, toda acción de Estado en esta materia debe estar revestida de un acuerdo social que defina los deberes y los derechos de los ciudadanos, afectados o no por el VIH/SIDA, por tratarse de un mal que afecta a la sociedad entera, sin distingo de ninguna clase. Así como es un derecho humano real el ser atendido por la enfermedad, es una igualmente real obligación de todo ser humano evitar su propagación. La consigna que hoy es de detener el avance del VIH/SIDA tiene necesariamente que tender a educar a la gente desde edades tempranas, para finalmente erradicar esta calamidad.

Señor Presidente:

En su intervención de ayer, el Primer Ministro de St. Kitts y Nevis expuso la alarmante situación del Caribe, reportando cifras realmente dramáticas sobre adultos y niños infectados con el virus en la región. Nos informó, en esa oportunidad, que el 70% de los casos reportados de SIDA son de personas entre las edades de 15 y 44 años y de éstos, el 50% tienen entre 25 y 34 años de edad. Creemos que es la misma situación que se vive en muchos otros lugares, lo cual indica que existen patrones de conducta humana que es preciso controlar con educación, como dijimos antes, desde las más tempranas edades posibles.

La población de la República de Panamá también está afectada por el VIH/SIDA, en proporciones nada satisfactorias y que requieren acciones sostenibles a corto plazo. El actual gobierno ha adquirido experiencias y registrado éxitos en algunas áreas:

  • En la inclusión de personas afectadas por el virus en las políticas estratégicas de desarrollo.
  • En el mejoramiento de la atención social a los que padecen la enfermedad.
  • En la política de Salud Pública, que promueve la atención integral, es decir, la investigación, la prevención, la educación, el tratamiento y la asistencia psicológica.

Sin embargo, considero que la clave de cualquier éxito futuro está en dos áreas especificas: la primera, en la creación de conciencia ciudadana sobre la necesidad de afrontar esta terrible calamidad con responsabilidad y solidaridad humana; dicho en otra forma, enfatizando el hecho de que ninguna persona puede declinar su responsabilidad económica y social en la lucha contra el VIH/SIDA. Y la segunda, en el desarrollo de la planificación comunitaria a nivel local y provincial para prevenir esta y otras enfermedades de transmisión sexual.

En los países más avanzados, esto es más fácil por la disponibilidad de recursos financieros. Es evidente que se requiere una inmensa inversión de dinero para promover una efectiva colaboración entre autoridades nacionales y locales, servicios de salud, colegios, comunidades religiosas, especialistas en ciencias del comportamiento humano y, por supuesto, los segmentos de la sociedad más expuestos a la enfermedad.

El propuesto Fondo Mundial para el VIH/SIDA es una iniciativa que permitirá el desarrollo de todos los proyectos relacionados con el tema, pero coincidimos con algunos distinguidos Delegados que han expresado la necesidad de utilizar en él criterio que no sean excluyentes, y que sean justos en la aplicación de asignaciones. Entre tanto, estimamos que cada país debe promover internamente el concepto de responsabilidad social reciproca, lo cual debe conducir al mejoramiento de las fuentes internas de financiamiento para hacer frente al terrible mal.

Señor Presidente:

Las Naciones Unidas, a traves del ONUSIDA, tiene ya vehículos idóneos para respaldar tanto los esfuerzos nacionales como los internacionales para erradicar el VIH/SIDA. Debemos coordinarlos en todos los órdenes, para que no quede al descubierto un solo instrumento de colaboración que nos pueda colocar en la dirección correcta. Con este esfuerzo combinado reafirmaremos nuestra voluntad colectiva de erradicar el mal, mientras respetamos los más caros derechos de los que sufren la enfermedad y educamos a nuestra niñez y juventud para afianzar el desarrollo futuro de la humanidad.

Muchas gracias.

New York, 26 de junio de 2001

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