VIH Y NIÑOS

En nuestro país, la epidemia del VIH y/o SIDA, en sus veintitrés años de presencia, ha hecho estragos en la sociedad tanto a nivel personal como familiar y social, por la pérdida temprana de muchas “cabezas” de familia con su secuela de deterioro de la condición económica, orfandad y especialmente de discriminación y rechazo de la comunidad, por falta de conocimiento sobre la infección. Esto conlleva a un estigma que en sus inicios “encasilló” la infección, favoreciendo el arraigo de miedos y tabúes que impiden que la gente se identifique con la situación real, y se coloquen falsamente, fuera de los llamados “grupos de riesgo” lo que nos lleva a no tomar acciones a favor de la prevención.

La falta de acceso a la atención de salud y la información que afrontan las mujeres, aumenta el número de mujeres y niños infectados. El VIH en las mujeres aumenta el riesgo de infección en los lactantes, ya que el virus se puede transmitir verticalmente por la madre durante el embarazo, el parto y el amamantamiento.

A medida que crece el número de mujeres infectadas por el VIH en el Caribe y Centroamérica, también aumenta el número de niños infectados por el VIH. Hasta 70% de la transmisión de madre a hijo ocurre durante el parto; el resto, durante la gestación o la lactancia. Sin tratamiento, de un 25% a un 40% de los niños nacidos de madres infectadas por el VIH, estarán infectados.

La prevención de la transmisión de madre a hijo incluye una serie compleja de intervenciones, que comprenden la prevención del VIH en las mujeres, la orientación y las pruebas para la detección del VIH, diferentes regímenes de tratamiento antiretrovírico, cesárea y orientación en la lactancia materna. La principal finalidad de la orientación sobre el VIH en la atención prenatal es ayudar a las madres a tomar sus propias decisiones con respecto a la comprensión de sus resultados de la prueba, el embarazo y la modalidad de una buena alimentación.

Los últimos informes del Departamento de Epidemiología del Ministerio de Salud de Panamá, nos da cuenta restringida (existe un sub-registro del 30%) del avance de la epidemia en nuestro país. La realidad panameña nos indica que desde 1984 a la fecha hay 6,694 casos registrados, de los cuales 5,037 corresponden a hombres y 1,657 a mujeres, dando una relación hombre-mujer de 3:1. Las edades más afectadas son los rangos de 30-34 años que representa un 19.4%, seguido por el grupo de 35-39 años de edad con un 16.4% y en tercer lugar 40-44 con un 13.5%. La situación se agrava aún más debido a que la enfermedad puede permanecer asintomático por un período de tiempo de hasta 10 años lo que permite deducir que la edad de infección es mucho menor.

Panamá ocupa el segundo lugar en casos de SIDA en la Región de Centro América y el quinto lugar en Latinoamérica. Entre los 15-44 años está el 80% de la población afectada por el VIH y/o SIDA. Al hospital Santo Tomás acuden de 12,000 a 13.000 mujeres al año a la sala de parto y de estas, el 35% llegan sin ningún control prenatal (sin evaluación médica por su embarazo y sin ninguna prueba de laboratorio) y el 26% de los que acuden son adolescentes embarazadas.

Hasta el momento hay reportados 335 niños infectados de los cuales 229 están vivos, de éstos 10 han cumplido más de 10 años de infección. En Panamá a inicios del año 2004 se reportaba un caso de embarazada infectada por el VIH por mes y para finales de ese mismo año, se han reportado 2 casos por semana, es decir, 8 por mes. Esto nos dice que hay un aumento de los casos, teniendo presente que la posibilidad de infección al niño va de un 25 a 40% si no se toman las medidas para evitar la infección.

Con acciones conjuntas como por ejemplo: dar triple terapia a la madre captada portadora del virus VIH iniciando el segundo trimestre de embarazo, llevarla a parto por cesárea y darle al Recién Nacido medicamento antirretroviral por 6 semanas, se disminuye el riesgo de transmisión vertical de un 25-40% hasta a un 1% o menos. Es por esta razón que PROBIDSIDA presenta una propuesta dirigida a la prevención en la transmisión vertical del VIH con el fin de lograr un impacto positivo en la incidencia del VIH infantil.

 

 

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