Palabras del Director Ejecutivo de la Fundación PROBIDSIDA.
Nuestra vida tiene muchos caminos y muchos propósitos, está llena de obstáculos, y es a través del tiempo que nos vamos dando cuenta del verdadero sentido de cada uno de nuestros pasos; hayan sido estos, de aciertos o desaciertos, todos son motivos de una gran enseñanza en este proceso de descubrir nuestra verdadera razón de existir.
Tenemos ya 8 años de haber iniciado una cruzada contra la mayor epidemia de la historia de la humanidad, a través de la Fundación PROBIDSIDA. La vivencia de 18 años con el VIH nos ha hecho comprender claramente su impacto tanto a nivel personal, como a nivel de la sociedad y no solo la panameña, sino mundial, dándonos además la oportunidad de percibir la lucha y la solidaridad de muchos, así como el silencio y el rechazo de otros.
Nuestro trabajo en la Fundación, lo hemos enmarcado en el mismo marco de acción del VIH, sin distinción de edad, sexo, raza, religión, clase social u orientación sexual.
Hoy nos sentimos orgullosos del trabajo realizado, sin embargo queda aun mucho camino que recorrer y nos sentiremos satisfechos cuando veamos que tenemos un Panamá y una Latinoamérica con una disminución de los casos de VIH y/ó SIDA, cuando no haya discriminación y exista un respeto a los Derechos Humanos de las PVVS (personas que viven con el VIH/SIDA), y todos reciban su terapia antirretroviral además de una atención integral, de calidad y calidez.
Quiero agradecer a todas las personas que en una u otra forma y momentos han apoyado a la Fundación PROBIDSIDA, permitiendo que tanto hombres, mujeres, niños y niñas hayan recibido esa ayuda que les ha permitido afrontar su condición de PVVS con coraje y valentía, como también lograr que más y más personas hoy conozcan algo más de la infección por el VIH y así colaborar en la promoción y prevención del VIH/SIDA.
Para terminar, quiero hacer un llamado a todos a una responsabilidad social, ciudadana, en donde cada uno de nosotros se convierta en un soldado en esta lucha contra la epidemia del VIH/SIDA y, si por algún motivo no lo hacemos por nosotros mismos, hagámoslo por nuestros hijos, hermanos, padres, pareja, amigos y compañeros. En definitiva, hagámoslo por nuestro prójimo. Luego demos gracias a Dios por habernos dado la oportunidad de servir y ser solidarios, en definitiva, agradecidos porque hemos hecho lo mas digno que el ser humano puede hacer: amar.
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